"PRENSA INDEPENDIENTE"

"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana Federal..."

- Síntesis de prensa - 3 de marzo del 2004 -
Año 4 - Número 494

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Índice de la fecha

1 - Excelente nota en La Nación: "De la década del 70 al posperonismo", por Eugenio Kvaternik.

2 - Partes principales de: "Camino a la perdición", por Gabriela R. Pousa.

3 - La Nueva Provincia - Otras voces: "¿Amor al odio o miopía política?", por Jorge Norberto Apa.

4 - Diario Río Negro - Editorial: "Mirando por el retrovisor".

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1 – Opinión

 

Seguramente varios de nuestros lectores ya han leído esta excelente nota en La Nación. Pero por los muchos demás lectores, creemos conveniente su inclusión en esta edición; merece profundo análisis y posterior reflexión.

 

La Nación - 2 de Marzo de 2004

"De la década del 70 al posperonismo"

 

Por Eugenio Kvaternik

La transversalidad, término de moda en el discurso oficial, parecería anunciar que, más allá de discusiones privativas de iniciados, el Gobierno enfila hacia el posperonismo. ¿Será la mutación política que persigue el Presidente y prohíjan algunos de sus mentores similar a la que se verificó en el este de Europa, donde los partidos comunistas se transformaron y sus rivales les adosaron el sayo poscomunista? ¿Se parecerá más a España, donde se habla del posfranquismo como de una era nueva y diferente, precisamente porque allí no existe un partido posfranquista? ¿Se arrimará más a Italia, donde el neofascismo se transforma y se viste con el ropaje del posfascismo de Fini? ¿O será, apenas, una revancha incruenta y temporaria de los vencidos en los años 70? ¿Cómo se compara nuestro tinglado histórico con el pasado y el presente de nuestras dos madres patrias?

 

A partir de 1939, el bando vencedor en la contienda civil española elevó el rango del hecho histórico al de una cruzada y, simétricamente, relegó a los vencidos a la condición de proscriptos de la historia.

 

En Italia, liberado el país del ocupante nazi, los aliados de éste, los fascistas italianos, fueron condenados al ostracismo como mercenarios ideológicos que no merecían un lugar en la historia.

 

En 1990, un historiador, Claudio Pavone, combatiente de la resistencia, publicó un libro titulado ´Una guerra civil´ , en el que, sin renunciar un ápice a sus convicciones, recuperó para los vencidos la dignidad de protagonistas de la historia. El valor moral de la Resistencia no se resiente en modo alguno al reconocer que la democracia italiana fue, en buena medida, el resultado de una guerra civil.

 

¿Como calificar lo que sucedió en nuestro país desde fines de los años 60 hasta principios de los 80? In medio stat virtus. La virtud está en el medio, nos dicen los latinos. Quienes sostienen que el país vivió en los 70 una guerra civil no hacen justicia a esa fórmula. Así como tampoco la hacen quienes niegan que una guerra haya tenido lugar.

 

Puede sostenerse que no fue una guerra civil porque, en contraste con otros enfrentamientos entre hermanos, ni el Ejército ni la población se dividieron en dos bandos. Recordemos, sin embargo, que los vencidos portaban grado militar y que algunos enfrentamientos -como el de Monte Chingolo, en 1975- fueron verdaderas batallas. ¿Qué otro nombre entonces, que no sea el de guerra podemos darle? El Estado, que debe ser garante de la ley, al reprimir violó la ley: ejecutó prisioneros sin firmar sentencias e hizo desaparecer sus cuerpos. Ninguna razón de Estado lo justificaba, ninguna estrategia antisubversiva lo requería.

 

La subversión había degradado, previamente, el Estado de Derecho. Y con un solo episodio alcanza para medir la magnitud de esa degradación. En 1971, el gobierno militar del general Lanusse creó un tribunal civil para juzgar a los terroristas, que presidió el doctor Quiroga, un magistrado honorable y valiente que al asumir esa responsabilidad sabía que ponía en riesgo su vida. Ironía macabra, si las hay: el terrorismo denominó a ese fuero la "Cámara del Terror" y este juez murió desangrado en la calle, víctima de la venganza guerrillera. De más está aclarar que no se encontró otro reemplazante para presidir el fuero, por lo que, en la práctica, dejó de existir.

 

Coronó esta degradación la amnistía a los guerrilleros decretada por el gobierno del doctor Cámpora. Gracias a ella, tuvieron otra oportunidad, que usaron para repetir los actos violentos por los que habían estado presos. ¿No deberíamos buscar, en aras de la verdad, algún vínculo entre la violación del Estado de Derecho antes y después de 1976? Asimismo, ¿cómo caracterizar el comportamiento de aquellos que, en 1978, circulaban en sus coches con obleas que decían: "Los argentinos somos derechos y humanos", prestando así apoyo entre vergonzante y explícito al régimen militar, y que en 1983 descubrieron lo contrario y votaron al doctor Alfonsín? No se trata de buscar atenuantes para los que dieron las órdenes de la represión ilegal, que ya fueron juzgados y condenados, sino de ampliar el debate con los antecedentes que han sido omitidos, a riesgo de que esa discusión entre pocos, ante la indiferencia de muchos, emponzoñe nuestro tejido moral y recluya en una suerte de gueto espiritual a instituciones de la República.

 

El lienzo en el que se esboza el dibujo aún impreciso del posperonismo omite los trazos de la reconciliación que acompaña a los países que han sufrido la tragedia de la lucha fratricida.

 

La sanción y la derogación de las leyes del perdón - mal llamadas así, ya que el perdón no se logra con leyes - muestra que uno y otro bando se escudan en el summum ius summa iniuria de los romanos. Las leyes son una injuria para la memoria de los desaparecidos y sus familiares, y su derogación, una injuria para quienes ejecutaron órdenes impartidas por sus superiores.

 

Las semillas de nuestra discordia - lejana ya para algunos y, sin embargo, muy reciente para otros - reciben nuevo abono a través de iniciativas como la de construir un museo de la memoria en la ESMA, y alimentan, así, una polarización carente de estatura histórica y, mal que les pese a sus promotores, desprovista de significación moral, porque criminaliza al adversario y exonera en forma vergonzante a la otra parte, convertida en juez por imperio de las circunstancias políticas.

 

Hará falta un gran talento sinfónico por parte de quien tiene la batuta para componer la melodía de un experimento político con veleidades de renovación, pero que, en contraste con experiencias de otras latitudes, no aspira a la reconciliación, porque éste parecería el precio por pagar por el apoyo y la lealtad de algunos fieles.

 

En su reflexión sobre la evolución de las formas de gobierno, Aristóteles enseña que a cada forma buena sucede una mala, o - pongamos entre paréntesis el juicio moral - a cada régimen sucede su opuesto.

 

Dado que el peronismo se sucede a sí mismo, a veces, principalmente, por medio de sus adversarios, la historia del peronismo no se ajusta, necesariamente, a los meandros de la predicción clásica. Algunos de los gobiernos que sucedieron al de Perón, como el del doctor Frondizi y el del general Onganía, intentaron instalar una versión remozada del régimen peronista, que evocaba - con sus tres estamentos: Estado, sindicatos, y empresarios - a su homónimo europeo del pasado: Iglesia, nobleza y Estado llano. Excluir a Perón y apropiarse de su fórmula fue el desideratum del primer posperonismo, que naufragó después de 1955 en el pantano de la enemistad histórica entre peronistas y antiperonistas.

 

¿Será más exitoso el destino de este intento, que se nutre de una polarización virtual, acotada a sectores de elite?

 

Sea cual sea la versión definitiva de la obra en curso: una revancha simbólica y efímera de algunos de los derrotados en la contienda de los 70, una nueva era política a la española, una eventual recomposición partidaria o una nueva versión - ¿la última? - del peronismo que se sucede a sí mismo, algunos aspectos del libreto son de dudoso gusto, independientemente de quién obtenga el favor del público y de la historia. La política, decía Tocqueville, es un extraño teatro donde a veces son las peores obras las que tienen más éxito.

 

El autor es profesor de Teoría Política en las Universidades de El Salvador y de Buenos Aires.

 

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2 – Partes principales de:

 

´Panorama político semanal´ - 23 de febrero del 2004

"Camino a la perdición"

 

por Gabriela R. Pousa (*)

No es complejo enumerar los temas que hacen a la coyuntura nacional. Y es que no hay, en rigor de verdad, mucha novedad. Sin embargo, lo que sucede se presenta de manera tan superficial que ahondar en ello se torna una tarea ciclópea.

 

La deuda, los acreedores, el FMI y todo cuánto gire a las relaciones con los Estados Unidos va unido a los gritos desaforados de un Presidente que sigue buscando consenso quizá porque sabe que, ese 80% de adhesiones que muestran las encuestas, no es tal. De lo contrario, ¿para qué insistir en conseguir lo que ya es está logrado?

 

Ahora bien, más allá de la euforia de Néstor Kirchner, ¿de qué estamos enterados los argentinos? A saber, la mayoría de los medios de comunicación están cuestionados. Donde uno vaya es tema la falta de independencia de la prensa. Más allá de la deuda que la mayoría de éstos mantienen con el Estado (al cuál quedaron aún más ligados gracias a la devaluación que Eduardo Duhalde nos legó); subyace un complejo mecanismo de favores entre algunos funcionarios y ciertos periodistas que flaco favor hace a la sociedad y a la profesión.

 

Asimismo, la conducta de determinados grupos empresarios no coopera a desmantelar la trama de misterio que logra vender como novedad buena parte de la historia nacional. Historia que, por otra parte, debería estar destinada a permanecer únicamente en páginas poco felices del pasado. Y es que el sostén económico que surge de ciertos empresarios avala esta desidia en materia informativa. Al margen, algo falla cuando el mismo auspiciante patrocina al conductor de ideas liberales y al pregonero de las buena-venturanzas oficiales.

 

¿Dónde está la coherencia? Es evidente que no hay intención alguna por solventar valores y sí la hay para acomodarse o en términos vulgares: estamos observando el mítico cambio de camiseta a diestra y siniestra...

 

¿Cómo se explica este desorden de cosas que llevan inexorablemente a la perdición? Por un lado, no podemos desconocer que estamos siendo gobernados por una casta de trasnochados setentistas cuya sed de venganza parece no haber quedado colmada.

 

Nada tiene que ver esto con izquierdas y derechas. La de Kirchner no es una izquierda convencional, es una mezcla de cierto peronismo bohemio con una serie de indefiniciones capaz de llevarnos a un estado de caos social más grave que el de finales de diciembre de 2001.

 

Esta seudo izquierda, en cambio, tiende a confundir y a instaurar una cultura de trueque donde se da para acallar, estableciendo así un sistema de gobierno donde nada cambia sino que enarbola un status quo favorable al contexto político de turno.

 

Del mismo modo, una izquierda real no admitiría un gobierno negociando por debajo de la mesa para disimular, en vano, el aumento de tarifas, o los pactos con el Fondo Monetario. Porque amén de lo que se ve y escucha hay un Kirchner para la gilada y otro para los empresarios. No nos engañemos. El discurso demagógico no responde a ideales sino a estrategias y esa sola verdad desvirtúa toda etiqueta......

 

¿Qué misión cumple la Corte Suprema en Argentina? Veamos que en octubre pasado el Alto Tribunal falló en contra del análisis compulsivo de ADN para evaluar la posibilidad de que una persona sea hija de desaparecidos y hoy el Gobierno pretende dar obligatoriedad al mismo. No sólo se desvanece la función de la Justicia sino que se esfuma el concepto de institucionalidad.

 

Tanto énfasis en nombramiento de jueces carece de sentido si de pronto el organismo que administra justicia es la Secretaría de Derechos Humanos, a cargo de Eduardo Luis Duhalde. Y administra también la propiedad al decidir la entrega compulsiva del predio de la ESMA a entidades que lucran con heridas de antaño .......

 

El círculo cerrado sobre el que giramos hace que los temas se agolpen sin poder distinguir lo económico, lo político de lo meramente social. Al margen de la compraventa de jueces y, consecuentemente de impunidad basta observar que un disparate político como declarar una autorización oficial para que aumenten un 9% las prepagas incide en el devenir económico nacional. Un dislate del poder político dará una certeza en el plano de la economía: inversiones extranjeras se ausentan. Ante semejante matiz dictatorial no han de quedar ni las promesas .....

 

A su vez, el hecho de contar con un sinfín de funcionarios haciendo declaraciones cualquiera sea el tema, corrobora la falta de cohesión y la superposición de funciones anulando desde el vamos el sistema de roles. Sistema básico si se quiere hablar de un régimen de gobierno institucional y democrático. En este desorden de cosas nadie sabe quién es ni para qué esta.

 

La anarquía que sobrevuela en Santiago del Estero deja al descubierto más de cien denuncias contra el juarismo. Cuando la situación comienza a complicarse, el Ejecutivo se lava las manos....

 

Alguien debe decirle al Gobierno que no basta con mandar funcionarios a hacer comentarios. Es hora de actuar. No será el discurso de apertura de sesiones en el Congreso lo que demuestre que hay un poder legítimo llevando al país por el camino del éxito. Sin Justicia, sin planificación y sin proyecto concreto, con mera oratoria demagógica y un estado de confusión latente no hay posibilidad alguna de salir de una crisis que se viene caracterizando por la perpetuidad.

 

(*) Gabriela R. Pousa se desempeña como analista de coyuntura independiente. no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno.

 

 

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3 – La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 2 de Marzo de 2004

 

Otras voces:

¿Amor al odio o miopía política?

por Jorge Norberto Apa *

Han pasado 25 años de la guerra revolucionaria iniciada por jóvenes militantes instruidos e impulsados desde Cuba por Fidel Castro y el PC cubano, en el marco de la bipolaridad y la lucha por el poder mundial, hoy totalmente definida a favor de los Estados Unidos.

 

Insistir en una "memoria parcial" con el decreto 1259/2003 denota, a la par de un encomiable espíritu para mantener el odio, el rencor y la desinformación por parte de quienes perdieron la guerra en el campo militar, una miopía política digna de los líderes guerrilleros que, en el 70, pretendieron disputar, al margen de la realidad evidente, el gobierno y la conducción del movimiento justicialista al general Perón para llevarlo a un estado socialista marxista.

 

El mencionado decreto crea el Archivo Nacional de la Memoria en relación a los derechos humanos "por la represión ilegal y el terrorismo de estado". De esta manera, se sigue insistiendo en la estrategia montada por los abogados de los terroristas muertos y desaparecidos, para lucrar con la muerte, contrariamente a todo lo expresado en la documentación de las organizaciones ilegales, sus dirigentes y toda persona idónea en la materia, que han expresado que fue una guerra interna y que los terroristas subversivos no eran delincuentes comunes ni mafiosos ni defendían la democracia, sino que eran combatientes que actuaban - normalmente como partisanos - adoptando las acciones armadas y los métodos terroristas para inspirar temor y facilitar la toma del poder.

 

Todas las acciones en la guerra revolucionaria se realizaban de menor a mayor, con la finalidad de ir logrando el equilibrio del poder de combate, para luego poder actuar con unidades regulares en una guerra convencional, si fuera necesario.

 

No se puede comprender, hoy, cómo un gobierno nacional (que es para todos los argentinos) dicte un decreto para satisfacer solamente al sector que, casualmente, agredió a las instituciones en los años 60/70, distorsionando una vez más la verdad histórica y contribuyendo así a incriminar sólo a quienes las defendieron.

 

¿Por qué no pueden los ciudadanos de la República tener acceso a todas las actuaciones judiciales confeccionadas por los asesinatos, robos, secuestros y atentados con explosivos realizados por "los jóvenes idealistas" que formaban parte de las organizaciones armadas ilegales, como parte de esa verdad histórica de la que hablan?

 

¿Por qué no se puede acceder públicamente a los archivos de la secretaría de Derechos Humanos, donde debieran figurar los datos en detalle de los desaparecidos y muertos y la información sobre los causahabientes de los mismos que cobraron los 250.000 pesos/dólares del erario? ¿Tienen temor de que investiguemos su veracidad?

 

¿No tenemos derecho los argentinos a saber también la verdad completa sobre el accionar de los integrantes de las organizaciones político-militares terroristas (algunos devenidos en funcionarios) y sobre la forma en que se utilizó y se utiliza nuestro dinero, para evitar un gran negociado y una gran mentira sobre las cifras de sus eslóganes?

 

Los derechos humanos ¿tienen ideología? ¿Sólo los ex terroristas y sus familias tienen derechos y también impunidad? Los familiares de los terroristas muertos en un ataque a un cuartel tienen por ley derecho a un beneficio extraordinario de 250.000 pesos (Ley 24.411) y los familiares de los soldados o civiles muertos no. ¿Por qué?

 

El Estado Nacional tiene una deuda con todos los que murieron en esa guerra fratricida, cualquier fuera su ubicación relativa en el conflicto, ya que los dirigentes políticos y los partidos que formaron parte de los gobiernos desde la segunda mitad del siglo pasado fueron los verdaderos responsables de la tragedia de nuestra Argentina, aunque sigan mirando a un costado (gracias a la "teoría de los dos demonios") y pensando en intereses particulares y/o sectarios.

 

Sí, hubo una guerra interna. Está probado. Seamos sensatos. ¡Basta de discriminación!

 

La Nación tiene grandes desafíos adelante que hacen a su existencia. Sólo la unidad nacional conducida hacia el futuro sin miopías sectoriales ni ideológicas nos llevará al éxito que los argentinos merecemos. Lo contrario será tener una visión retrógrada y muy peligrosa para nuestro

devenir.

 

* Jorge Norberto Apa es general de brigada (R)

 

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4 – Diario Río Negro - Martes 2 de marzo de 2004

 

Editorial:

"Mirando por el retrovisor"

Cuando un presidente se dirige por primera vez al Congreso, es habitual que aproveche la ocasión para informarles a los legisladores de las muchas iniciativas que se ha propuesto tomar en el transcurso de su gestión, pero al inaugurar el 122º período ordinario de sesiones Néstor Kirchner prefirió concentrarse en lo que hicieron sus antecesores salvo, es de suponer, Eduardo Duhalde.

 

Según el presidente, el estado actual del país es infernal como consecuencia de "años de dirigencias que no estaban a la altura de las circunstancias", que "eligieron postergar hacia el futuro los vencimientos (de la deuda) para culminar un mandato y descargar en el futuro y los futuros gobiernos los futuros problemas".

 

Son críticas legítimas, ¿qué duda cabe?, pero sucede que tanto el presidente como los legisladores a los que dirigía sus palabras forman parte de aquellas "dirigencias" que fustigaba aunque, claro está, pocos en el recinto se habrán dado por aludidos.

 

Asimismo, aunque Kirchner habló con sarcasmo del "plan Brady, canje de deuda, blindaje...", calificándolos de "fórmulas mágicas de solución", su propia voluntad de aferrarse pase lo que pasare a una quita que en la práctica superaría el noventa por ciento también refleja una propensión poco racional a apostar todo a una "fórmula mágica" sencilla. Puede que dentro del país le haya resultado políticamente beneficioso hacer de la defensa intransigente de la quita que tiene en mente el eje de su política económica, pero es bien posible que su forma belicosa de reivindicarla signifique que el acuerdo definitivo, si es que hay uno, que nos permita salir del default, nos sea mucho menos favorable de lo que podría ser el caso si negociara de manera menos agresiva.

 

Según Kirchner, "ya no queda margen para recurrir a ajustes", afirmación que además de constituir un alarde de voluntarismo, como si los recursos disponibles dependieran más de la realidad social que del estado de la economía, pasa por alto las cifras difundidas un día antes por la Oficina Nacional de Presupuesto conforme a las que el año pasado el gasto social se redujo sustancialmente mientras que aumentó el gasto administrativo.

 

Huelga decir que en nuestro país la oposición a los "ajustes" suele estar liderada por sectores corporativos vinculados con la política que están habituados a ser subsidiados por el Estado que raramente sienten preocupación por los más pobres.

 

Que éste haya sido el caso, no ha impedido que Kirchner haya atribuido su "dureza" hacia los organismos multilaterales y los acreedores privados a su voluntad implacable de defender a quienes viven en la miseria. Como dijo, "no pagaremos deuda a costa del hambre de millones de argentinos, generando más pobreza y conflictividad social", dando a entender de este modo que en su opinión la desigualdad se debe casi exclusivamente a la deuda externa. Se trata de una teoría que es tan interesada como falsa: interesada porque tanto a Kirchner como a "las dirigencias" en su conjunto les es necesario culpar a otros por la depauperación de más de la mitad del país, falsa porque aquí y en el resto de América Latina la "cuestión social" se remonta a antes de las guerras de Independencia.

 

En su mensaje, Kirchner afirmó que su "estrategia" consiste en "construir un capitalismo con reglas claras, donde el Estado cumpla su rol con inteligencia y ponga equidad en la sociedad", señalando que "si se hubiera hecho capitalismo en serio, hubiéramos construido un país normal".

 

Es una aspiración muy razonable, pero antes de poner manos a la obra tendrá que reparar los estragos ocasionados no sólo por Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa, sino también por Adolfo Rodríguez Saá y Duhalde, lo que entre otras cosas lo obligaría a llegar cuanto antes a un acuerdo con los acreedores que no nos cause graves problemas en el futuro.

 

Sin embargo, a juzgar por el discurso que formuló ante el Congreso, el que fue en buena medida una repetición de lo ya dicho en otras ocasiones, Kirchner ha decidido hacer de la renegociación de la deuda una batalla épica entre la Argentina y el resto del mundo que se prolongue por años, motivo por el cual parece decididamente remota la posibilidad de que su gestión sirva para que por fin el país se acerque al "capitalismo en serio" con el que sueña.

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